El burro era terco y muy tonto, pasaba los días burlándose de los demás animales que andaban por los cerros; miraba solo los defectos de los demás, reía como idiota al ver las grandes orejas del conejo, de los dientes de las ardillas, de las grandes ubres de las vacas, hasta reía al ver que la serpiente no tenía pies o manos. Una pequeña rata le aconsejo que no se burlara de los animales del campo, pues no todos somos perfectos, además de que el día a día se había puesto muy difícil para conseguir alimentos y agua que no estuviera contaminada. El burro no siguió el consejo y se burló de la angustia y miedo de la rata, que casi todo el día pasaba frío en su sucia madriguera. Así fue que el burro comía las pocas manzanas que había en el cerro, la misma rata le aconsejaba que no comiera hasta hartarse porque las manzanas se podrían acabar en cualquier momento; había un grupo de narco-talamontes que andaban por los cerros y andaban “pelando el monte” para sembrar marihuana y amapolas. E...